Análisis: ¿Qué le pasa a Lucas?
Por Lucas
Aviso: Espero que cuando leáis esto, nadie piense que es un acto de egocentrismo y justificación. Simplemente quiero ser autocrítico y que coño....rellenar este blog con algo más que resumenes de partidos. En cualquier caso, como siempre, está a vuestra disposición el apartado de comentarios para que pongáis todo lo que queráis y si alguien más se anima a hacer artículos, mejor que mejor. Espero que os guste.
Podríamos hablar de la edad como un factor determinante para el bajo rendimiento del 8 de Brasil pero creemos que sería muy fácil y no del todo cierto, utilizarlo como única justificación. Si analizamos sus números con la zamarra amarilla desde que se implantó el Programa de Estadísticas de Excel (PEE) podemos ver que en 204 partidos, lleva 164 goles, con una media de 14 goles por temporada. A priori parecen unos guarismos bastante importantes pero, como cualquier cifra, no refleja verdaderamente el rendimiento efectivo del jugador.
El 11 de enero de 2009 marcaba su noveno gol en la Temporada 2008/2009 y cerraba una primera vuelta con 9 goles en 9 partidos. Desde entonces ha disputado 18 partidos más, con el escaso bagaje de 7 goles. Evidentemente, como venimos diciendo, no son más que números, y la aportación de un jugador no ha de medirse únicamente por este dato. Han habido partidos, en los que, sin anotar, su trabajo ha sido importante, sobre todo produciendo ocasiones de gol para sus compañeros, pero no es menos cierto que otros encuentros han mostrado la versión más gris del jugador.
En sus comienzos, Lucas comenzó a jugar en punta o como ala, con el fin de aprovechar su potencia física en carrera y su buena técnica individual. En aquella época estaba siempre respaldado atrás por un buen armazón defensivo (Pou, Raúl, Paco, Dani, Juan, etc…) que le liberaba en parte de labores defensivas que le obligaran a hacer un mayor esfuerzo físico. Es conocido, el poco fondo físico del jugador y su propensión a no dosificarse, con lo que sus apariciones por el campo se hacen cada vez más cortas.
Con el paso del tiempo, las necesidades del equipo han ido retrasando su posición hasta ocupar en la mayoría de partidos una plaza atrás con el fin de utilizar su técnica para sacar el balón con fluidez. Es ahí donde está el problema, en la actualidad se ha quedado en una situación de indefinición, sin saber muy bien si debe quedarse atrás para proteger al equipo en caso de pérdidas de balón o debe lanzarse al ataque aprovechando su velocidad. En definitiva, estamos perdiendo un buen atacante y hemos ganado un mediocre defensor.
A esto debemos añadir otra faceta que hoy en día seguimos buscando en este jugador y que, aunque no todo el mundo está capacitado para desarrollar, si cabría esperar que en él apareciera de una u otra manera, la capacidad de liderazgo.
No queremos confundir a la gente con esta cualidad que buscamos en Lucas ya que este término engloba multitud de situaciones e igual, algún experto que desarrolle su carrera profesional en el campo que trata este tema, podría ilustrarnos mejor. Lo que queremos señalar es que, en determinados partidos, cuando ha faltado Figo, siempre se ha esperado que, con la calidad que se le presupone, Lucas hubiera “tirado del carro” y esto evidentemente no ha sucedido. También es cierto que, para poder hacerlo, uno debe encontrarse en plenitud de forma física para poder explotar sus principales virtudes y eso es algo que tampoco se aprecia.
El propio jugador nos ha comentado lo siguiente: “en partidos como el de Fiebre Amarilla o como el de ayer, en casa, antes de salir hacia el campo, pienso que hoy va a ser mi partido y que me voy a salir. Sin quererlo me estoy presionando, imponiéndome una obligación que no viene de fuera, sino de mí mismo. Esto crea el efecto contrario al que debería crear. Al final llego al campo con ansiedad, pensando que los demás lo esperan todo de mí y eso se traduce en un bloqueo mental que acaba afectando al físico. Si fuera capaz de hacer caso a lo que dicen los compañeros, salir a divertirme, sin intentar ir de salvapatrias, creo que mi rendimiento mejoraría y en definitiva, beneficiaría al equipo”.
Ante estas palabras poco más se puede añadir. Esperemos que Lucas consiga aparecer por los partidos sin esa percepción de lo que se espera de él, más relajado, sin esa carga de “autopresión” y sea capaz de ofrecernos una versión mejorada de lo que hoy en día nos muestra, un regular atacante y un mediocre defensor.
El 11 de enero de 2009 marcaba su noveno gol en la Temporada 2008/2009 y cerraba una primera vuelta con 9 goles en 9 partidos. Desde entonces ha disputado 18 partidos más, con el escaso bagaje de 7 goles. Evidentemente, como venimos diciendo, no son más que números, y la aportación de un jugador no ha de medirse únicamente por este dato. Han habido partidos, en los que, sin anotar, su trabajo ha sido importante, sobre todo produciendo ocasiones de gol para sus compañeros, pero no es menos cierto que otros encuentros han mostrado la versión más gris del jugador.
En sus comienzos, Lucas comenzó a jugar en punta o como ala, con el fin de aprovechar su potencia física en carrera y su buena técnica individual. En aquella época estaba siempre respaldado atrás por un buen armazón defensivo (Pou, Raúl, Paco, Dani, Juan, etc…) que le liberaba en parte de labores defensivas que le obligaran a hacer un mayor esfuerzo físico. Es conocido, el poco fondo físico del jugador y su propensión a no dosificarse, con lo que sus apariciones por el campo se hacen cada vez más cortas.
Con el paso del tiempo, las necesidades del equipo han ido retrasando su posición hasta ocupar en la mayoría de partidos una plaza atrás con el fin de utilizar su técnica para sacar el balón con fluidez. Es ahí donde está el problema, en la actualidad se ha quedado en una situación de indefinición, sin saber muy bien si debe quedarse atrás para proteger al equipo en caso de pérdidas de balón o debe lanzarse al ataque aprovechando su velocidad. En definitiva, estamos perdiendo un buen atacante y hemos ganado un mediocre defensor.
A esto debemos añadir otra faceta que hoy en día seguimos buscando en este jugador y que, aunque no todo el mundo está capacitado para desarrollar, si cabría esperar que en él apareciera de una u otra manera, la capacidad de liderazgo.
No queremos confundir a la gente con esta cualidad que buscamos en Lucas ya que este término engloba multitud de situaciones e igual, algún experto que desarrolle su carrera profesional en el campo que trata este tema, podría ilustrarnos mejor. Lo que queremos señalar es que, en determinados partidos, cuando ha faltado Figo, siempre se ha esperado que, con la calidad que se le presupone, Lucas hubiera “tirado del carro” y esto evidentemente no ha sucedido. También es cierto que, para poder hacerlo, uno debe encontrarse en plenitud de forma física para poder explotar sus principales virtudes y eso es algo que tampoco se aprecia.
El propio jugador nos ha comentado lo siguiente: “en partidos como el de Fiebre Amarilla o como el de ayer, en casa, antes de salir hacia el campo, pienso que hoy va a ser mi partido y que me voy a salir. Sin quererlo me estoy presionando, imponiéndome una obligación que no viene de fuera, sino de mí mismo. Esto crea el efecto contrario al que debería crear. Al final llego al campo con ansiedad, pensando que los demás lo esperan todo de mí y eso se traduce en un bloqueo mental que acaba afectando al físico. Si fuera capaz de hacer caso a lo que dicen los compañeros, salir a divertirme, sin intentar ir de salvapatrias, creo que mi rendimiento mejoraría y en definitiva, beneficiaría al equipo”.
Ante estas palabras poco más se puede añadir. Esperemos que Lucas consiga aparecer por los partidos sin esa percepción de lo que se espera de él, más relajado, sin esa carga de “autopresión” y sea capaz de ofrecernos una versión mejorada de lo que hoy en día nos muestra, un regular atacante y un mediocre defensor.

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